Encaro al dolor desde el encierro, desde el lugar que escogí
para desenvolver las horas matutinas de la jornada laboral diaria.
Has sentido dolor más silencioso, adolescente, indiferente?
Creo que allí hay un dolor copioso, azulino, casi sin oxígeno.
Y el rol demarcado por los años, no es más que de la escucha,
prisionera también de las palabras rutinarias, vacías y sin sentido.
Conoces al niño que no duerme?
Es aquel de los centros privativos de libertad, con miedo y rabia, suaviza
sus manos con tabaco, suaviza sus ansias con amargura, suaviza sus corazonadas
con risas esparcidas por el aire, suaviza su semblante con comida.
lunes, 13 de julio de 2009
Sin elegir el cuerpo, a propósito de la píldora del día después y su debate en Chile

Entre mujeres, no elegimos el cuerpo ni el envoltorio,
se nos da controlado y sensible, erótico y ajeno.
Es objeto para la publicidad de lavalozas, bebidas alcohólicas,
viajes paradisiacos, perfumes y éxito de la vida occidental.
Se nos da cuando niñas, austero y plano, para después transformarse
en objeto de deseo masculino y neoliberal, cuya redondez altiva, desenmascara
la vergüenza del sentimiento perturbador de la imperfección.
Y después, no podemos controlarlo, el fin reproductivo, reproduce
la insensatez, el dominio y control de nuestra natalidad por otros.
Como vigía de la cordura y el derecho a la vida de otros, el cuidado y la protección de la familia,
nadie protege a las que abortan, o no desean hijos, o rehuyen una maternidad involuntaria, a las adolescentes, a las violadas, a las adultas que no quieren hijos, a la descuidadas que rompen su preservativo, a las prostitutas o a las ingenuas. Todas ellas, según el vigía, ya no lograron responsabilizarse.
Como centinela de nuestro deseos y elecciones, Iglesia, padres, publicidad, legisladores, mandatos culturales, científicos, Estado, payasos y forasteros, se apoderan de las decisiones de las mujeres chilenas.
Como dueños de un cuerpo impropio, volvemos a nacer sin elegir el cuerpo.
lunes, 28 de julio de 2008
poesía sencilla
jueves, 28 de febrero de 2008
Ríos de exilio
Me he ausentado del exilio y me persigue,
me incorporo a su seno y me rehuye,
mordisqueando mis pies calmos, entregados,
al dolor crepitando en mil preguntas.
Y me entero luego que el destierro tiene contorno humano,
un monstruo pavoroso y acongojado,
se yergue frente al sol y la distancia.
Y allí, ausentada nuevamente de sus ríos,
recorro las orillas olvidadas,
acostumbrados los exiliados de siempre,
a buscar un muelle firme pa arrimar la memoria.
miércoles, 27 de febrero de 2008
De Viaje por la Vida
I
Dimos una vuelta por el nido destrozado
de un pájaro de ala rota,
reparando ramas, limpiando el polvo
y el barro..
nos hemos sucedido..
Dimos una vuelta por el encanto matutino
de la montaña fresca, unida a sol y sombra
al infinito desierto de asperezas.
II
Y de pronto vinieron a tocar a nuestra puerta
las buenanuevas de siempre,
tímidamente asomadas en papel azulado:
"Una montaña se ha suavizado de prisa
y una pajarito madrugador ha renovado su ala rota,
una gentileza señor observante...dese tiempo para el aire,
mirar detenidamente como se transforma la vida"
y nos fuimos a dar otra vuelta...
sábado, 2 de febrero de 2008
El árbol de mi calle
Al medio ambiente mal entendido por las políticas
I
La tierra suaviza los encantos,
de olor húmedo,
de esperanza nívea.
II
La tierra corona los semblantes,
de liviandad sabrosa,
de sensaciones frescas.
III
La tierra dolida y silenciosa,
se queda con el llanto,
se duerme indescifrable.
IV
El árbol de mi calle,
murmura cosas nuevas,
a veces se agiganta,
a veces enloquece.
V
El árbol de mi calle,
murmura rencores,
moldeados en su corporalidad,
en algunas horas del día,
no cesa de denunciar sus dolencias.
VI
El árbol de mi calle,
ya no soporta el ruido doblegante de la urbanidad,
no sabe a quién denunciar su desarraigo,
su tristeza foránea,
de inmigrante silencioso.
VII
El árbol de mi calle,
despertó sin mirar,
el sol expectante,
a su torso descubierto.
I
La tierra suaviza los encantos,
de olor húmedo,
de esperanza nívea.
II
La tierra corona los semblantes,
de liviandad sabrosa,
de sensaciones frescas.
III
La tierra dolida y silenciosa,
se queda con el llanto,
se duerme indescifrable.
IV
El árbol de mi calle,
murmura cosas nuevas,
a veces se agiganta,
a veces enloquece.
V
El árbol de mi calle,
murmura rencores,
moldeados en su corporalidad,
en algunas horas del día,
no cesa de denunciar sus dolencias.
VI
El árbol de mi calle,
ya no soporta el ruido doblegante de la urbanidad,
no sabe a quién denunciar su desarraigo,
su tristeza foránea,
de inmigrante silencioso.
VII
El árbol de mi calle,
despertó sin mirar,
el sol expectante,
a su torso descubierto.
De tiempo y leña seca
I
Sobre las manos depositamos el tiempo
pequeño y sorprendido,
se toma de las uñas para guarnecerse
de la historia quebradiza
y de los recuerdos sucios.
II
Una conspiración hemos saboreado
lentamente y silenciados,
brotamos de la leña seca,
para iluminar los espacios muertos.
III
Pertenecí a los perros,
de vez en cuando al olvido,
una que otra al puño liberado,
una que otra al sueño taciturno.
Sobre las manos depositamos el tiempo
pequeño y sorprendido,
se toma de las uñas para guarnecerse
de la historia quebradiza
y de los recuerdos sucios.
II
Una conspiración hemos saboreado
lentamente y silenciados,
brotamos de la leña seca,
para iluminar los espacios muertos.
III
Pertenecí a los perros,
de vez en cuando al olvido,
una que otra al puño liberado,
una que otra al sueño taciturno.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)